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Stefano Niro, ultramaratonista que corre por gusto de convivir con la naturaleza

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A los 50 años de edad, Stefano Niro se dio cuenta de que más allá de demostrar su resistencia en carreras de distancias largas y retar a su cuerpo, tenía la pasión por correr entre la naturaleza, en zonas desérticas o llenas de vegetación.

El atleta afirmó que las carreras de larga distancia o ultra-distancia requieren de una constancia para llevarlas a cabo, porque los retos son grandes, “es un deporte extremo, de alto rendimiento; tiene su versión profesional y amateur, en donde participa quien tiene habilidad para hacerlo”.

En entrevista refirió que para este tipo de eventos se necesita disciplina, y en lo personal es una actividad que disfruta, porque requiere dedicación y actitud constante, no es un deporte simple o aleatorio o dominguero.

Niro Serrano sostuvo que en largas distancias se recorren 50 kilómetros, al igual que en ultra-distancia, pero su diferencia recae en que ésta se hace en un circuito corto, máximo de un kilómetro, más parecido a una pista de atletismo, y se mide en relación al tiempo.

Es decir, que se desarrolla en 12, 24 o 48 horas e incluso hasta seis días en constante carrera. “He corrido máximo 24 horas, para un total de 123 kilómetros en ultra-distancia.

En ultramaratón ya no es un circuito pequeño o simplemente partir de un determinado punto y llegar a otro”, expuso el atleta.

El trazado de los ultramaratones, explicó, se realiza en terrenos naturales diversos, que van desde montañas, zonas volcánicas hasta desiertos y selvas, que se mezcla con climas fríos o extremadamente calurosos.

De la misma manera, Niro Serrano expresó que hacer este tipo de actividad da grandes satisfacciones, porque tiene una interesante magia con la naturaleza, “nos encontramos de repente con lugares en los que la vegetación puede ser un peligro, así como el tipo de animales que pudieran haber”.

Y agregó que “nos hemos encontrado desde osos, pumas, coyotes, arañas y víboras. Debemos tener cuidado. Para enfrentar este tipo de experiencias se debe llevar una preparación adecuada y al más alto nivel, se requiere de un entrenador para carrera de larga distancias”.

Destacó que en este deporte se debe contar con un especialista que conozca de cuestiones biológicas, mecánicas, psicológicas, de nutrición y cuestiones personales, “porque eso marcará los parámetros para aplicar distancias y cargas”.

El atleta destacó que ser un “súper hombre” no cabe en su diccionario, ya que “tengo 57 años de edad y cuando cumplí 50 empecé a hacer este tipo de ejercicio, no tengo cualidad diferente e, incluso, me canso subiendo escaleras”.

Añadió que participar en una carrera de larga distancia o ultramaratón no se trata de sufrir o flagelarse, sino simplemente de pasar un buen rato y ser feliz.

“Cuando hablamos de correr y hacerlo en terrenos naturales es hacerlo bajo un panorama placentero y bello, con el cual uno se puede identificar. Eso me jaló, y hacerlo en la montaña es maravilloso. Y más allá de decir ‘de aquí soy’, dije: ‘esto soy’”, afirmó el deportista.

Destacó que correr distancias de 50 kilómetros es un reto que se hace con gusto, el cual se realiza con amigos con los que, en plena competencia, se hacen tertulias y se habla desde cuestiones familiares hasta de momentos laborales.

“No voy por una medalla, si bien te la dan al final, no corro para ganar, sino por hacerlo y punto. Corremos por el placer de recorrer esos lugares naturales”, afirmó.

En siete años de exigir a su cuerpo y sobreponer los latidos de su corazón al máximo con el sólo motor de las piernas, Stefano Niro ha tomado parte en 17 justas, entre ellas el Ultramaratón Loreto, en Baja California Sur, y los de Cozumel, Zacatecas, Coahuila, Estado de México, Puebla, Tlaxcala y en los alrededores de la Ciudad de México.

Ha recorrido 50 kilómetros como mínimo y su máximo es de 123, “me he encontrado con carreras de 60, 70, 88 y 100, y todas terminadas. He llegado al final, pero siempre es placentero concluir la carrera”.

Todo comenzó como un reto en las dunas de Baja California Sur, en medio de las montañas de arena que forman una valla contra el embate del mar, ahí trató de quedar solo en el desierto, porque quería probar hasta dónde era capaz de llegar.

“Marqué un tiempo de dos horas, para correr una hora para adentro y otra para afuera. Nos vimos en un restaurante familiar, que estaba en ese lugar. Entré a correr por el desierto, ni habré corrido 100 metros cuando fui atrapado por las plantas. No me podía zafar, y cuando lo logré, mejor me regresé”, recordó.

A partir de ese momento nació el proyecto en donde la misión es retar al cuerpo y exigir a los pulmones hasta reventar, pero siempre con el gusto de experimentar sensaciones con la naturaleza, ya sea en plena luz del día o bajo el manto de la oscuridad.

Notimex

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