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“Adelita Café” y “Café Mirador”: deliciosas experiencias en el Monumento a la Revolución Mexicana

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Foto: Alejandra Carbajal/TimeOut

Gerardo Ramírez

Ubicado en la revitalizada colonia Tabacalera, el Monumento a la Revolución Mexicana se erige como uno de los emblemas más representativos de la capital del país. Su majestuosa arquitectura y sugerentes vistas panorámicas sobre el valle de México sorprenden a todo visitante que se adentra en la imponente estructura de acero.

Adelita Café invita a recordar, a través del paladar, aquellos sabores fijados en nuestra memoria, como el de las populares tortas, las quesadillas, los molletes, el café y los tradicionales refrescos Jarritos, Lulú y Crush servidos en su típico envase de vidrio.

Aprovechando los elementos de la cimentación, el interior de Adelita Café ha sido reacondicionado para transportarnos sutilmente al vagón de un ferrocarril, uno de los medios de transporte más representativos de esta gesta histórica y que siempre está presente en la memorabilía revolucionaria.

Mientras que en los muros de acero se han colocado espejos inspirados en las ventanas del furgón, el mobiliario recobra el diseño de las bancas de los ferrocarriles, al que se han agregado elementos como lámparas de latón y la “Placa Centenario” que, mediante un juego tipográfico, dispone los nombres de los personajes y las estaciones ferroviarias clave de le época.

Haciendo una pausa para un refrigerio, ya sea antes o después de realizar el recorrido por el interior del monumento, se escuchan corridos y música mexicana del periodo, disfrutando de alguna de sus especialidades, como las quesadillas Canana, preparadas en tortilla de maíz azul y amarillo con queso Oaxaca, perfumado con ramitas de epazote, que aportan el auténtico toque de la cocina de antaño, y servidas con aguacate y salsa en platos de peltre.

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Las tortas Zapata es un imprescindible; la combinación de sus ingredientes recupera el sabor auténtico de este popular bocadillo a base de pechuga de pollo, queso gratinado, frijoles, crema, aguacate y verduras.

En el menú también se incluyen malteadas, como la de fresa la preferida de Pancho Villa y una mezcla única de café que se ha conseguido a partir de granos de Oaxaca, Veracruz y Chiapas. Este elixir es utilizado en las especialidades que realizan los baristas y que se sirven, de igual forma, en el mirador.

Localizado a 65 metros, se encuentra Café Mirador. Sus mesas pequeñas de esencia afrancesada evocan las terrazas parisinas y armonizan con los barandales y elementos arquitectónicos Art Déco del monumento, recordándonos también el proyecto original del inconcluso Palacio Legislativo de arquitectura neo clásica que comisionó Porfirio Díaz al arquitecto francés Émile Bénard, cuya estructura es hoy el alma de acero del MRM.

Rodeado por las esculturas de Oliverio Martínez, posadas sobre las ábsides, y acompañado de un capuchino y una crepa, se aprecia la vista de 360o desde la Tabacalera, guardando distancia de la vorágine y con un apacible ambiente que incluso es uno de los favoritos para los visitantes asiduos, los amantes de la lectura.

En sus dos ubicaciones Adelita Café y Café Mirador nos reencuentran con la historia, el recuerdo, el presente y aquello que alimenta el cuerpo y el orgullo de este ícono de México.

 

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