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La cineasta Karla Castañeda compartió los secretos de su trabajo con los jóvenes en la FIL

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Lacineasta Karla Castañeda. CORTESÍA / LUCHO PARADA

Gerardo Ramírez

Como parte de la programación abierta para interesados en la ilustración y la animación, el Salón de los Ilustradores contó en su primera jornada con la participación de Karla Castañeda, animadora especializada en la técnica del stop-motion y que ha recibido, entre otros conocimientos, dos premios Ariel por los cortometrajes Jacinta y La noria.

Durante poco más de una hora, Castañeda se dirigió a un salón lleno por jóvenes —en su mayoría mujeres— que también quieren seguir sus pasos en un gremio que año con año gana más espacios y prestigio en el mundo cinematográfico. La charla comenzó con una muestra del trabajo de Karla, un reel de sus producciones con la técnica stop-motion, escenas de cortometrajes como El niño y el vientoLa última bocanadaLa noria y Félix, el coleccionista de miedos. Este último sirvió, además, para que compartiera con el público el proceso que llevó adaptar la historia original (un cuento de Fina Casalderrey con ilustraciones de Teresa Lima y publicado por la española OQO Editora) a un cortometraje de nueve minutos.

Como integrante del Departamento de Audiovisual de la editorial española, Karla se sintió agradablemente sorprendida al descubrir la libertad creativa que se le confió, pues tuvo la oportunidad de modificar el diseño de los personajes del cuento a un estilo “más mexicano”, como ella misma dijo. Sin embargo, uno de los grandes retos del trabajo fue el tiempo: de estar acostumbrada a invertir poco más de dos años a cada una de sus producciones, aprendió a trabajar contrarreloj, pues para Félix… sólo contó con doce días. El resultado, que compartió con los presentes a modo de primicia (“nunca lo había mostrado”, dijo después de la proyección) no decepcionó. Además, los participantes tuvieron oportunidad de conocer cada etapa de la producción: desde que leyó el texto, cuando realizó los bocetos de los personajes, la escritura del guion y hasta sus comentarios sobre la elección de los actores de voz. “Mis cortometrajes son mudos, porque creo que así son más universales”, explicó y añadió que, no obstante, fue la editorial la que insistió en que hubiera diálogos en esta ocasión.

Finalmente, luego de mencionar su nuevo proyecto (un largometraje coescrito y producido por Guillermo del Toro), la animadora apuntó una de las ventajas del formato cinematográfico que eligió como profesión: la libertad de crear un mundo desde cero. “La animación no es sólo para niños”, añadió cuando puso sobre la mesa que es un tipo de cine que se identifica con el público infantil —que ella misma aprecia y respeta su inteligencia— al citar títulos como Otro día más con vida y I lost my body, de creadores como Sofía Carrillo y Luis Téllez.

Y como no hay nada mejor que la experiencia, repartió hojas entre los asistentes para darles la oportunidad de dibujar sus propias escenas, basándose en un extracto del cuento de Casadelrrey. Teoría y práctica en poco más de 60 minutos.

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